En “La Eneida” se habla del El verdadero el de alagar al
pueblo latino y sus soberanos, demostrándoles que sus reyes descendían de ese
gran príncipe troyano, la historia de cuya vida había cesado de ser verídica y
se había convertido, en su mayor parte, en pura fábula.
Comienza con la descripción de una terrible tempestad que sorprende a
Eneas, quien después de la caída de Troya (de la ciudad había escapado llevando
a su padre en hombros, pero perdiendo a su esposa), había reunido algunos
hombres, haciéndose a la mar y llegando a Italia al cabo de siete años.
Durante la gran tempestad naufragaron algunos de los barcos;
pero el suyo y seis mas arriban a un puerto de África, en la rica y esplendida
región de Cartago, a cuya reina, Dido, cuenta la caída de Troya y el ardid del
caballo de madera de que acabamos de hablar. También le describe sus diferentes
viajes, desde su huida hasta su llegada a Cartago. Dido no puede menos que
admirar al noble príncipe, y desea casarse con él; pero Eneas abandona a
Cartago, sin que pueda retenerle los agasajos de la reina; esta, desesperada,
se suicida.
Después de llevar anclas con rumbo a Cicilia, donde celebra
funerales en nombre de su padre, visita eneas los campos Elíceos, que es el
lugar donde los antiguos creían iban las almas después de su muerte, y allí
encuentra a su padre, quien le hace ver la raza de héroes que descenderá de
Eneas y que gobernará al pueblo latino.
Eneas parte de nuevo, y llega ala tierra de Lacio, o Italia
cuyo rey, Latino, le agasaja y promete concederle por esposa a su única hija,
Lavinia, heredera de la corona. Pero otro príncipe llamado Turno, rey de los
rútulos, pueblo latino, esta enamorado de ella y es favorecido por la madre de
ésta. Estalla entonces la guerra entre troyanos y rútulos, en la cual tienen
lugar varias sangrientas batallas y, al final, parece que los troyanos, en
ausencia de su jefe, van a quedar completamente derrotados. Pero Eneas, que ha
recibido un escudo hecho por Vulcano (el mismo dios mitológico que forjó la
armadura de Aquiles), y en el cual se hallan simbolizadas las futuras glorias y
triunfos de la nación latina, o romana, vuelve al combate y cambia la suerte de
la guerra.









